En días como este, en los que parece que llueve hasta dentro del piso, me gustaría estar en el pueblo, en casa de mis abuelos, comiendo castañas asadas o tomando un café con pastas alrededor de la mesa del salón. Me encanta el brasero en invierno. Es una de esas cosas que de verdad echo de menos cuando estoy aquí: la calidez de los braseros debajo de las mesas con faldilla. A mí esto de la calefacción no me acaba de convencer, me parece muy impersonal. Nadie se sienta a contar historias al calor de un radiador. Ni historias, ni cuentos, ni nada. Me siento mal, creo que estoy un poco resfriada y que tengo algo de fiebre. Hoy debería estar a las cinco en casa de Claudia y no me apetece nada; sobre todo porque sé que no voy a aprovechar la tarde. Pero bueno; tampoco la iba a aprovechar aquí y el deber es el deber. Sólo necesito un pañuelo, y bajar a la farmacia a comprar pastillas para la tos, Lizipaina o algo así, y un jarabe de color rosa y con sabor amargo. Y que cuando vuelva estés en casa y me abras la puerta, y me lleves al sofá para que espere a que me traigas un caldo de pollo caliente, y que pasemos la tarde leyendo debajo de una manta en el sillón. Pero en mi cocina no hay nada para preparar caldo, y después de ir a la farmacia no puedo volver a casa, y no habrá nadie que me abra la puerta y que se acurruque conmigo en la esquina del sofá. No me gustan los días como este, con las calles y la ropa empapada nada más salir, y el frío, que después de unos días buenos vuelve sin avisar, sin darme tiempo a que descuelgue la bufanda de una percha que no sé quién colocó demasiado alta detrás de la puerta de mi habitación; y no me gusta esta sensación de no tener ganas de que llegue el sábado para pasarme el día sin nada que hacer y la noche de fiesta, de querer que llegue la hora de meterme en la cama y no tener que pensar que la calefacción de casa de Claudia me va a secar los bajos de los pantalones. Odio las tardes en las que no me apetece hacer nada. Odio los días como hoy.
Archivos para Febrero, 2005
21 de Febrero, Ana.
21-Febrero-2005 · Archivado en Cuatrocientas, El mundo literario puede acabar contigo
8 de Febrero, Ana.
8-Febrero-2005 · Archivado en Cuatrocientas, El mundo literario puede acabar contigo
No sé cómo la mayor estupidez jamás pensada, hace poco más de cuarenta y dos horas (incluso sin alcohol en sangre) pudo parecerme una idea capaz de solucionar todos mis males actuales. En serio, no puedo creerme que lleve dos días planteándome llamar a Javi. Es que no puedo. No me cabe en la cabeza que después de todo lo que pasó esté pensando en ser yo la que vaya a hablar con él. No fue por mi culpa por lo que lo dejamos. Soy gilipollas. En serio, soy gilipollas. ¡Pero si hasta he llegado a marcar de memoria su número en el móvil! Sin descolgar, por supuesto. Todavía me queda algo de orgullo. Y todo esto porque hace un par de noches me dio por pensar que cuando estábamos juntos el mundo era más fácil de sujetar. Y porque echo de menos tener alguien que me abrace por las noches y que confíe en mí cuando yo no lo haga, y pase a otra cosa cuando se de cuenta de que estaba equivocado. Pero ese alguien no tiene que ser Javi. ¿Por qué tendría que ser Javi?. Yo no quiero que sea Javi. Eso es una historia pasada que hace mucho tiempo que se terminó y en la que no quiero volver a pensar. Y que haya soñado con él no quiere decir nada. El año pasado hice un Curso Extraordinario sobre Psicoanálisis. En realidad el tema me interesa más bien poco pero no era caro y nunca vienen mal un par de créditos de Libre Elección extra. Bueno, la cosa es que nos contaron que los sueños son realizaciones de deseos que no somos capaces de reconocer cuando estamos despiertos; y nos lo explicaron con ejemplos, y vimos casos clínicos y en ese momento me pareció que todo tenía bastante sentido. Pero yo no creo en la eficacia del psicoanálisis y no quiero volver a estar con Javi, por mucho que el otro día soñara con él. Eso para mí no significa nada; nada en absoluto. La terapia psicoanalítica es una chorrada. Y no le voy a llamar. Ni de coña. Si él quiere saber de mí hace tiempo que tiene mi número y sabe dónde vivo. Pero vamos, que tampoco quiero que me llame. Y… no, todo esto no tiene nada que ver con que Laura me contara esta tarde que ese estúpido está liado con otra.
7 de Febrero, Ana.
7-Febrero-2005 · Archivado en Cuatrocientas, El mundo literario puede acabar contigo
Hoy ha hecho bastante frío; puede que sea por eso por lo que desde la cama veo temblar las cortinas de mi ventana delante de las luces de las farolas de la calle. He tenido un sueño raro. Normalmente no me despierto por la noche, y menos si he pasado la tarde anterior en el gimnasio. Pero tengo sed, y hace tiempo que el vaso de mi mesilla de noche está vacío. He soñado con Javi. Juraría que cuando me acosté dejé las dos zapatillas al borde de la cama, pero ahora sólo encuentro una. De todas formas, no importa, me gusta más andar descalza. Estábamos en su piso, riéndonos de cualquier cosa, como al principio. En el piso de Javi, el suelo está siempre caliente; no como aquí, que las baldosas de la cocina están más frías que las del resto de la casa. Y creo que Nando también estaba allí… y alguien más, no sé quién. Pero era como si Javi y yo estuviéramos solos. Éramos “nosotros”. Entonces se acercaba y me acariciaba la cara y se inclinaba para besarme. Y yo no me apartaba, porque también quería besarle. Porque le… no. Antes le quería. Cuando empezábamos a salir le regalé las páginas de mi diario en las que hablaba de él, que por aquel entonces eran muy pocas; y aunque me dijo que era muy cursi, sé que le gustó. No sé porqué dejé de escribir el diario cuando lo dejamos; puede que dejara que me salpicara un poco todo; como el agua del grifo de la cocina al poner el vaso debajo; y en ese momento no fuera capaz de asumir lo que estaba pasando, lo que había pasado; o puede que mi cabeza fuera demasiado deprisa. En fin, creo que lo mejor será beberme el vaso de agua e irme a dormir y dejar de pensar en todo esto. Hace mucho tiempo que no hablamos, puede que demasiado. Ahora él tiene su vida y yo la mía. Hace meses que no somos “nosotros”. Pero no tengo muy claro que eso sea lo que de verdad quiero. Quizás debería volver a escribir en ese cuaderno. Quizás debería llamar a Javi. Quizás debería darle la oportunidad de leer todas las páginas en las que hablo de él. Quizás debería saber lo que de verdad pienso de nuestra historia. Quizás deberíamos hablar de esto. No… no lo sé.