16 de Septiembre, Ana.

Lo primero que escuché cuando abrí la puerta de nuestro nuevo piso fue el ruido de una silla rechinando contra el suelo, y la voz de Jandro protestando por el susto. ‘¿A que es demasiado?’ Me dijo a modo de saludo cuando entré, mientras me abrazaba y me presentaba formalmente a nuestro nuevo compañero de piso: un póster de Natalie Portman con la camiseta mojada, mirándonos desde su privilegiada posición, encima de la tele. Todas las sillas estaban llenas de cajas con cosas de Santi; supongo que por eso el salón me parecía mucho más pequeño que en junio. ¿Demasiado? Si tú lo dices… Anda, ayúdame con la maleta. El olor a quemado de un incienso de “todo a cien” tapaba cualquier otro que pudiera existir, y una lata de aceitunas rellenas de anchoa adornaba el mueble del pasillo mientras arrastrábamos el equipaje hasta mi cuarto. Me acordé de cuando Lucía se fue a vivir a casa con mi padre. Hicimos la mudanza los tres solos en un par de tardes. Un palizón. Ahora ella no podría levantar una bolsa que pesara tanto como las que llevaba por toda la casa aquél día. La verdad es que si lo piensas tiene gracia, he sido hija única hasta los veintiuno y ahora la novia de mi padre está embarazada. Es la noticia del verano, y en verdad, lo único que merece la pena contar de mis vacaciones, además de mi no-viaje a Estocolmo. Me pregunto como sentaría en casa si yo hiciera lo mismo. Si un día cualquiera, en pleno Agosto, soltara en casa un ‘Ah! y vais a ser abuelos en Febrero’ sin importancia. A mi padre le daría un infarto, directamente. Él me tuvo a mí antes de poder sacarse el carnet de conducir, pero claro… que me pase algo así a mí es diferente. Siempre es diferente. A veces pienso que sería genial tener una familia normal, con cuatro abuelos, dos hermanos y una madre que preparara la comida todos los días, y en la que pudiera equivocarme veces. En la que simplemente tuviera la posibilidad de hacerlo. Me hace ilusión tener una hermana. No creo que hagamos muchas cosas juntas, ni que hablemos en la cama por las noches si es que alguna vez compartimos habitación, pero bueno… me gusta la idea. Y además, ya es hora de que mi padre siente cabeza de una vez.

Diga sus palabras