1 de Enero, Ana.

El bar está casi lleno, a pesar de estar en el culo del mundo (pero lejos, lejos… lejos de verdad). Es la típica fiesta de Nochevieja de todos los años: mucho alcohol, gente desconocida haciendo cosas que nunca haría ningún otro día del año, música (menos actual cuanto más avanza la noche) y mucho alcohol. También están los de siempre, los típicos de todas las fiestas. Léase, la típica pareja que mira hacia ninguna parte, o que se mira sin verse; los cuatro tíos alternativos a la caza de cualquier grupo de féminas solitarias; y al fondo, un grupo de quinceañeros borrachos que han conseguido colarse en su primer cotillón de fin de año. Hoy no tengo el día, no sé porqué. Supongo que estoy nerviosa, salto a la mínima y parece que estoy enfadada con todo el mundo. Pero estoy bien. Sólo tengo un poco de frío, y hambre, y echo mucho de menos a Xoel. Ojalá pudiéramos quedar ahora y hablar de sus cosas durante mucho rato, para que no me diera tiempo a montarme películas estúpidas en la cabeza. Ya sé que soy gilipollas por montarme numeritos de celos tontos porque hoy es un día que se presta a poner cuernos, y que se bebe mucho, y que todos estamos estupendos… y quiero pensar que Xoel no es así, y me siento mal porque posiblemente él esté confiando en mí y disfrutando de la noche, y no se esté planteando siquiera que yo pueda estar con otro. En serio, soy gilipollas perdida, de verdad. Y lo que más me jode es que yo no soy así, confío en él y además yo nunca he sido celosa… o más bien nunca lo he demostrado demasiado; claro que hasta ahora todas las relaciones me han salido mal. Le echo de menos. No tanto la parte del novio, que también, sino todo lo demás; salir para tomar un café, ver películas, jugar a la play… la tranquilidad que me da estar a su lado, hablar con él. Incluso me he planteado volver a llamarle por si… no sé. Por si me hacía sentir un poco mejor hablar con él. Pero no… seguro que lo está pasando genial y no quiero hacerle sentir mal y que se empiece a rayar por una chorrada. Mejor voy a tomarme una copa, o siete; y se terminó. Seguro que así se me olvida todo.

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