Anoche viví uno de esos momentos en los que le doy gracias al mundo por no saber escribir poesia.
Pero fue guay, como siempre.
Moncho… es que no me acuerdo… *carita de buena…*
Anoche viví uno de esos momentos en los que le doy gracias al mundo por no saber escribir poesia.
Pero fue guay, como siempre.
Moncho… es que no me acuerdo… *carita de buena…*
Estoy flipando. A ver… mi residencia siempre ha sido un poco… peculiar (entran locos, ir a comer es toda una aventura, hay tentativas de incendio…) pero en el fondo, a mi eso me gusta. Una de las cosas que más suele llamar la atención es eso de que tengamos animales sueltos correteando por ahí (gatos, palomas, ovejas, ratas, cucarachas, los bichos esos mutantes que aparecen en verano…).
Peeero… esto es lo mejor de este lugar, que cuando pensábamos que ya lo habíamos visto todo, esta mañana voy, levanto la persiana y me encuentro a los dos nuevos especimenes integrantes de la fauna residencial.
Habrá que ponerles nombre.
Las vacaciones bien, yo bien, todo bien. Estuve en casa y eso, y como gracias a este maravilloso calendario europeo que tenemos las vacaciones no coinciden con las del resto del mundo… pues nada, que de miércoles a domingo fue un no parar de quedar con gente. Lo he pasado bien, mejor de lo que esperaba. Después de cómo fueron las cosas la última vez que fui (ya quisieran muchos tener una adosada al grupo tan maja como yo…) esperaba salir poco y mal; pero al final, como las cosas pasan cuando no las esperas (pasa siempre, ya lo sé), creo que he salido todos los días (bueno, uno no, pero porque me sentía fatal…) con Esther, que se ha portado súper bien conmigo y me ha dejado que la acapare todo el tiempo; y además, gracias a ella he conocido a dos personajes que bien merecen un post aparte (otro día): Gustavo y Rafa. Veamos… la primera vez que vi a Rafa fue en la puerta del Latino, y me pareció un tío majo que lee a Montesquieu en Catalán. Además me hizo mucha gracia su acento (supongo que es de Villanueva o alrededores, pero es lo que tienen 14 años de teatro…). Peeero (porque siempre hay peros) después de descubrir que su misión en la vida es lanzarme pipas durante toda una noche, y de que me llamara chica-seta (que vale que lo pienses, que todo el mundo lo piense, pero ten un poco de delicadeza ¿no? Que soy débil de carácter…) mi opinión sobre él cambió un poco. En su favor diré que después me pidió perdón, y me prometió portarse mejor conmigo la próxima vez que nos veamos (que, por mi salud moral, esperamos los dos que sea en Salamanca). A Gus (se llama como el cerebro que diseccioné en prácticas de Fundamentos) técnicamente ya lo conocía. Sale en uno de los cortos de Jorge (ese en el que también salgo yo; en foto, pero salgo…) y además me habían hablado de él, y tal… Argentino y con un parecido más que notable a Adrien Brody, me llamó Melania a los 15 minutos de conocerme y me invitó a su casa la primera noche a ver Atrapado en el Tiempo, aunque al final no la vimos (y no, no hubo polvo salvaje, a pesar de lo que pueda parecer…).
El resto del mundo, como siempre. Espero.
No me acuerdo del día en que mi hermano llegó a casa por primera vez. Sé que aquella noche había dormido yo sola en la cama de mis padres, y me he visto mil veces en video saltando por el pasillo con cinco años y un vestido azul celeste, gritando “¡Ya tengo un hermanito! ¡Ya tengo un hermanito!”. Hoy hace quince años de eso. Él es el culpable de que los reyes magos siguieran pasando por casa hasta hace poco, del “tatuaje” que tengo en la espinilla, y de que esté pensando seriamente en teñirme el pelo de azul. A veces nos gritamos un poco, y eso, pero la mayor parte del tiempo nos llevamos bien. Aunque sea un salvaje es a quien más quiero, porque nunca me hace caso pero siempre me tiene en cuenta, porque dijo que no se confirmaría si yo no era su madrina, porque cuando en la farmacia le daban un caramelo pedía otro para su hermana, porque baila conmigo en las bodas (y ya es más alto que yo, así que no queda tan raro), porque cuando me ve llorar no me dice nada pero se tumba a mi lado a mirar el techo, porque me llama para pedirme consejos sobre chicas, porque se abrazó a mí mientras teníamos el accidente, porque se intenta aprender los nombres de mis amigos, porque me da la mano por la calle aunque sus amigos se rían de él, y porque el año pasado, cuando todo el mundo me decía “No te preocupes, no pasa nada”, él fue el único que me dijo “Repítelo, porque puedes”. Y porque a pesar de todo, aunque fue el primero en dormir fuera de casa, en poder llegar más tarde de las doce, en irse de campamento y en decir a mis padres que tenía novia… nació el segundo.
P.d.= Y felicidades a Elia, que también cumple años hoy.