Hoy me toca noche melancólica. No me apetece hacer nada, pero lo que menos, menos, menos me apetece es estar sola en casa, aquí, delante del ordenador rayándome por todo cuando ni siquiera sé qué va a pasar. Odio ser una romántica estúpida y estar casi convencida de las cosas cuando estoy segura de que son tonterías mías, aunque en el fondo sé que son verdad y que aunque no quiera tengo razón, pero en el fondo creo que no (sí, estamos en “esos días del mes”). En fin, necesito un vaso de leche y un Neobrufén. Y una conversación de tíos. No sobre tíos, de tíos. No sé… con mis amigos de siempre tengo la sensación de que soy “uno más”, o por lo menos eso me parece a mi. Me refiero a que aunque sea chica, para ellos he sido siempre un colega, uno sin pene. Eso ahora no me pasa, y hay veces que lo echo de menos. Me gustaba sentirme así. Me gustan los chicos. Como amigos, digo. Y eso, ahora… creo que lo único que me hace falta ahora mismo es quedar con alguien para jugar a la Play 2, y para hablar de pelis como Sin City, o Kill Bill, o… no sé, de pelis con mucha sangre; y de chicas, y de comics… y necesito sexo salvaje sin decir ni una palabra. O por lo menos ninguna que no sea guarra. Eso, necesito eso y nada más. Pero en vez de eso, tengo un novio subnormal que me quiere un día y al siguiente no, y que no se da cuenta de que esto me está volviendo loca o algo peor; y que me dice “Si necesitas lo que sea me llamas”, y cuando le llamo me dice que había quedado con Rafa y Fran pero que no pasa nada, que si yo quiero les avisa y viene a casa a estar conmigo. Y yo le digo que no, que no hace falta; porque si le apetece más estar con sus amigos no quiero que venga porque yo se lo pido; y él me dice que si estoy segura, que no le importa venir, y le digo que no, que no venga, que estoy bien, y él se lo cree y sale y yo me quedo en casa y odio darle tantas vueltas a las cosas y que nos esté pasando todo esto.