Anoche fui a cenar al chino con María, Victor y Bin (dos puntitos más… ^^. Ya pronto tenemos suficientes para la katana xD). María me alisó el pelo (aunque en la foto no se nota porque es del final de la noche y la humedad ya había hecho efecto) y me pintó. Y me dejó su abrigo y una chaqueta para que fuera guapisísima. Durante la cena tratamos varios temas, tanto escatológicos como sexuales (vamos, muy parecido a lo es una cena residencial…) e intentamos convencer a Bin para que nos contase como cocinar niños (que al parecer en su bloque dan mucha guerra y él los cocina muy bien para descanso de todos los vecinos), pero al final nada. Después (con esto quiero decir ‘varios platos después’) fuimos a Mandala a tomar un cafelito (Nunca le echeis el azucarillo al café con menta. Nunca.) y me enteré de la triste historia del señor que inventó el sobrecito ese alargado y finito para el azucar. A la 1.30 o así fuimos al Cum Laude; lugar que no pensaba pisar porque no me gustan los sitios a los que no me dejan entrar en zapatillas, pero bueno, como todavía no le tengo mucha confianza a Víctor y además me lo estaba pasando muy bien, al final cedí. El sitio no está mal. Como sitio, quiero decir (además no había mucho humo, cosa que agradezcí bastante), porque la música (al menos anoche) es un poco… bastante… no sé… no. Pero me reí un montón intentando averiguar con Bin cuanto tardarían en liarse dos que estaban en el bar. Al final de la noche, Bin se quedó y nosotros nos fuimos a casa (María ya con zapatos planos… es lo que tiene llevar el bolso de Mary Poppins… que cabe de todo…) y de camino nos encontramos con media residencia, que iba al centro y/o estaba haciendo botellón en los bomberos…
Y ya no puedo seguir más, porque María dice que tenemos que ir ya a Carrefour para comprar la cena para mañana.