Hace unos días que estoy de vuelta en la Ciudad Amarilla. Después de un verano de playa ininterrumpida, he vuelto a reencontrarme con mi vida (incluyendo la académica, que ya ha acabado agosto -y con él mis excusas xD), con mi gente (Pau, a ver cuando vienes a cenar… y el resto de la YetSetResidencial… a ver cuando venís, en general xD) y con mi piso, al que echaba de menos (pero que estará cuasivacío hasta finales de mes, porque la Ashtray Girl no vuelve hasta el 23).
La verdad es que ya tengo ganas de adaptarme de nuevo al entorno familiar, regresar a la rutina de levantarse-estudiar-comer-quedar con gente-cenar-navegar-acostarse. Aunque estoy un poco triste porque este año la ciudad tendrá menos poetas que nunca (y os echaré de menos, y os odiaré si venís a Salamanca y no llamais…), necesito desesperadamente ver a la pequeña Estjer, que desde hace como dos meses y pico no nos secuestramos la una a la otra (y ya no puedo máaaas); por no mencionar lo mucho que me apetece apurrutar a mis niños fraidianos (aunque a algunos de Frayos sólo les quede el nombre…) y tener el gran honor de ver por primera vez en la misma sala al magnánimo triunvirato del INGSOC (menos mal que el güelco Sam viene dentro de unos días a hacerme más llevadera la espera – tengo unas esposas de terciopelo rojo y un látigo de pseudocuero que te están esperando, chicoerasmus… – y va a ser todo mío… xDDD). Ademásd, este año Antonio tiene un piso con unas vistas pre-cio-sas, que pienso disfrutar todo lo que pueda (aunque esté en el quinto… ¿o era el sexto? bueno, eso… lejos).
Lo dicho, este año va a ser muy guay.