Archivos para Enero, 2008

¿En qué piensas?

(Un texto que no usé para el reto “Cielo” de Verbum Fortuna; básicamente, porque podía utilizarlo para casi cualquier otro reto…) 

Elidia Varsavsky nunca ha temido a nada. De pequeña no tenía miedo a la oscuridad, ni a Drácula, ni a la puerta cerrada, ni a los armarios, ni a los cajones. No le preocupan las tormentas, con sus rayos y sus truenos, no tiene miedo a lo desconocido, no tiene miedo a la edad, al calamar gigante, a un ataque militar, no tiene miedo a equivocarse, no tiene miedo a lo que cuentan los libros. Tampoco le asusta besarse en las esquinas, que un chico la invite a “pasear” a las tantas de la madrugada, ni quedarse sin ropa en cualquier sitio o acabar con los labios y la barbilla enrojecidos de tanto rozarlos contra una barba. No teme volar ni pedir una hipoteca, y tampoco suspender otra vez este año las matemáticas aplicadas. No le preocupa el efecto invernadero, la atmósfera plomiza que se respira los últimos días, o morir intoxicada, de un ataque al corazón o atropellada por un camión cisterna. Nunca temió a las palabras largas, como hipopotomonstrosesquipedaliofobia, a las cosquillas, ni las catástrofes naturales; y mucho menos a abandonarlo todo y empezar de cero. Elidia Varsavsky no ha tenido nunca miedo a nada, excepto, quizás, al sabor agridulce y húmedo que le queda después de que Gabriel le acaricie con la lengua el cielo de la boca.

-        ¿En qué piensas?.
-         En por qué todavía sigues con los pantalones puestos.

Comentarios (1) »

Mucho mejor.

David dice:
Joven! A que no sabes de qué hablamos ayer en el CAP?.
Ana dice:
Mmm… de sexo?.
David dice:
No, mucho mejor.
Ana dice:
De tortilla de patatas.

Comentarios (2) »

Cuentos.

Me gusta escuchar historias. No todo el mundo sabe contarlas, así que me gusta la gente que sabe contar historias. Me gusta contar historias. Por eso me gustan aquellos que saben escuchar, que te miran a los ojos, como si no hubiera nada más importante que lo que estás contando. Me gustan las personas fantasiosas, exageradas; la exactitud a veces entorpece un buen argumento. Me gustan las personas apasionadas, que no dejan de ser pequeños a pesar de los años. Me gustan los que mantienen cierta inocencia. No me gustan los actos sociales, ni las comidas de compromiso, ni ir a un sitio para ver y ser vista. Me gusta cenar con dos o tres personas, beber zumo, y volver a casa paseando. Me gusta que me cuenten secretos. Me gusta acabar el día con la sensación de que alguien me ha confesado algo muy íntimo.

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Buscar una superficie de apoyo, cerrar los ojos y respirar hondo.

Ya pasado este periodo pre-exámenes, que es cuando los padres reclaman sus derechos y exigen tu presencia en la sede central para ponerse al día de lo desastrosa que es tu vida (y ellos recordártelo) y para que tu abuela pueda reclamarte sutilmente la búsqueda de novio (porque a tu edad ya toca); ahora toca ponerse al día en leer noticias, blogs y demás chorradas interneteras. 

¿Las vacaciones? Este año por razones… ¿éticas? he decidido no celebrar la Navidad, pero no por eso me he escapado de recibir el tradicional pijama por parte de mi abuela. Está escrito entre las Obligaciones de las Abuelas justo entre “Te quejarás siempre por las pintas de tu nieto o nieta” y “Le dirás que le ves muy delgado y que debe comer más en cada visita”. Por lo demás, ha sido guay… he visto a Jandro y a Manolo, que hacía mucho que no les veía; he decidido junto con Juanma que las cosas van a volver a ser como eran; he discutido con Antonio, aunque he tomado muchos cafés con Estjer y con él; he ido a la biblioteca a estudiar pocopoco, he comprado fieltro para hacer broches, he visto series, me he comprado unas gafas y he decidido, una vez más, que a pesar de que la gente se empeñe a veces en estresarme, o de que yo me estrese, o lo que sea; este año va a ser muy guay.
 

Y ya está.  

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