Esta escena que Youtube no me deja incrustar, transcurre un 24 de Diciembre, y es EL AMOR.
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Cosas que Viajan
Hace mil años que no escribo aquí (almenos no de manera productiva, o personal, o cuidada, o de cualquier otra forma que no implique un corta y pega). Me da mucha pereza. Me da tanta pereza que ni siquiera he cambiado el título de este post porque no me apetecía pensar uno.
Veo cosas como tumblr.com y me apetece hacerme uno de esos solo por la pereza de no tener que postear, solo enlazar una foto que me guste, o un video, o una chorrada cualquiera. Pero eso también requiere más esfuerzo que guardarmelos en el ordenador, como he hecho toda la vida, y además, supongo que si mi blog deja de ser con cosas propias, deja de ser interesante (porque yo soy una tia interesante, sí, uf, oh, sí).
Hoy escribo porque estoy enfadada con el mundo de la literatura, y con el de la psicología, y con el del teatro… igual debería estar escribiendo esto en el blog del tuenti.
Vacaciones (otra vez)
Un año más, otra vez terminé los exámenes, y un año más, otra vez me voy de vacaciones este sábado. Así que un año más con la habitación llena de cajas y sin saber muy bien qué es lo que quiero, que es lo que necesito, y que es lo que me voy a llevar al piso del año que viene (todavía sin determinar).
Para este verano (otra vez) tengo muchas ganas de hacer cosas. Tengo poco que estudiar (más menos desde que ayer me enteré de que he aprobado la asignatura que más he odiado en toda la carrera desde la primera vez que me examiné de ellas (y han sido muchos los exámenes que he hecho después… hasta el último, el del lunes pasado) y un montón de cosas guays que hacer con Chio (y con quién se apunte), sus cámaras de fotos, mucho papel (porque en verano se escribe en papel), mañanas de playa, tardes de cafés y noches de playa otra vez poque este año nos han cerrado el Metrópolis.
Otra vez me voy de aquí sin saber cómo será el año que viene (el que espero que sí sea mi último año en Salamanca), a quién conoceré, dónde viviré, qué viajes haré… pero esperando que sea bonito.
No me espereis hasta finales de agosto.
Cutter de los chinos.
Para escribir este post he tenido que documentarme. Hacía tanto que no escribía aquí que ya no me acordaba de muchas de las cosas que me han pasado en este tiempo, así que he tenido que releer las conversaciones de Messenger de la gente con la que más hablo, para no dejarme nada (o dejarme lo menos posible).
Supongo que debería empezar contando que me disfracé en carnaval. Eso no es noticia, a no ser que sepas que odio el carnaval porque no me gusta cuando a la gente no se le ve la cara, pero este año, me disfracé en carnaval. De Alaska (la cantante, no el estado). Y me lo pasé bien; la gente me gritó un poco por la calle, y nos ponían canciones guays-de-la-movida en los bares, y… fue divertido.
También me disfracé otro día, el de mi graduación. Me puse vestido floripondioso, y medias, y tacones, y una chaquetita de chica fashion. La ceremonia fue un poco coñazo, la verdad, a la gente le gustó, pero a mí se me hizo muy larga, y había mucha gente, y yo soy así de rancia para los eventos sociales. Después fui a comer con mi familia, y no conocí a la familia de Edu. En eso y en dolor de pies, más o menos, consistió mi graduación.
Por aquel entonces ya tenía mis más y mis menos con Edu, nuestra vida social y mis complejos físicos, y más o menos así sigo hasta el día de hoy; y él también, aguantando como un machote (y de esto tampoco voy a hablar más ahora).
Pero antes de la graduación fue mi cumpleaños. Lo celebré cinco o seis veces, como siempre… una con Edu, otra con mis compañeros de piso, otra con las chicas del café, otra con mis amigos que no entran en ninguno de los grupos anteriores… lo típico. Además Chio me regaló la canción de cumpleaños más bonita del mundo.
Poco después hablé con Bernabé (que también cumple años en esa época) y me dijo que prefería no quedar ni hablar conmigo durante un tiempo (indefinido). No voy a contar aquí las razones, y tal… pero no me parece bien, aunque supongo que tiene sus razones. Algo parecido me pasó también con Fede, que con la excusa de que nos caducaba el dominio de la web que hicimos, me escribió un mail diciéndome que se siente mal cuando piensa en mi, y que no quiere saber nada de nada, ni de la web ni de nada. Debo ser súper mala persona cuando termino así con dos personas a las que he querido tanto, y con las que apenas he hablado desde el verano pasado
A finales de marzo supe que había aprobado el examen de inglés para Erasmus, cosa que no me ha servido para nada, porque hace unos días me enteré de que no me la daban por un motivo absurdo, pero bueno… qué se le va a hacer. Otro año en Salamanca no está tan mal, sobre todo ahora que vuelven Blanca y Carmen.
Después fue Semana Santa, y fui a Villanueva. Apenas tuve tiempo de ver a la gente, y se me pasó el tiempo rapidísimo, pero salí un par de días con Jandro, y estuvimos contándonos un montón de cosas que por el Messenger no cunden igual.
Para acabar este post insulso (creo firmemente que si contase las cosas cuando me pasan y no tres meses después, todos seríamos mucho más felices), el miércoles pasado se estrenó la obra del grupo en el que actúa Edu. Les salió genial, y yo, como amiga, novia del prota, y técnico de luces y sonido (en realidad sólo quería decir esto último, porque queda muy guay y estoy haciendo currículum como focalista de Fonseca), me siento muy orgullosa de todos ellos, de lo bien que sacaron adelante la obra a pesar de todas las dificultades, y de lo buenos y guapos que son todos. Ale.
Y he empezado a jugar al World of Warcraft, así que seguro que me vuelvo loca y mato al cura.
(El título del post sólo lo entiende Moncho, que es a quien va dirigido, principalmente)
Masoquismo sentimental.
Grado 1: Encontrar por casualidad el Fotolog de alguien que me cae bien, pero que posiblemente no volveré a ver nunca.
Grado 2: Leer entradas de hace tiempo para ver cómo veía esa persona las cosas que (nos) pasaban.
Grado 3: Encontrar una foto de grupo en la que la exnovia de mi actual pareja sale en primer plano, y leer la entrada y los comentarios.
Grado 4: Dejar la pestaña abierta y navegando. Resultado: Cuando cierro una página, de vez en cuando me encuentro la foto y la miro otro poco.
Disonancia cognitiva es cuando no sé muy bien por qué le he puesto ese título a esa entrada, ni porqué estoy comentando esto en el blog, ni por qué todavía tengo esa ventana abierta.
Mi foto de la Orla.
Ayer me tocó hacerme la foto de la Orla, así que me pasé el día pintándome la raya del ojo y echándome rímel para que a la hora de ir al estudio no se me notara nada. La principal duda era el pelo… rizado, liso, raro… al final me lo dejé como lo tenía, sin ir a la peluquería, ni nada. Llevé mi look normal, (a lo leona… como diría mi padre).
A las siete menos cuarto fuimos a hacernos la foto, y a y cuarto me tocó a mí ponerme la falsa camisa con corbata incorporada y la toga morada, y empezaron a mentir… que si qué bien me quedaba la ropa, que qué sonrisa tan bonita, que si no sé qué… en fin, esas cosas que hace la gente para que te sientas cómoda y subirte la autoestima.
Y ya está.
Ahora estoy a un flashazo menos de ser Psicóloga.
Otra manera de ser un poco tonta (por lo mismo).
Remito a esta entrada; para confirmar (aunque hace demasiado poco que la escribí) que suelo hacer lo que he hecho hoy.
Ayer a estas horas estaba en Madrid, era el cumpleaños de Moncho y yo no sabía qué regalarle, así que en mi desesperación, la noche anterior me había puesto a mirar algunos post de 400palabras que tengo guardados en mi ordenador, en busca de alguna idea brillante. Hace un rato estaba contándole a algún amigo mi viaje, una conversación cualquiera, tampoco hay demasiado que contar, y me dio por entrar en esa web del la que hablaba en el post del principio. Y ahí es donde entra la magia: escribí “400palab” en la barra de búsqueda del Firefox, y al ver que ya me salían resultados, en un movimiento automático le di una vez a la tecla de dirección abajo y al enter. Y allí estaba; el sábado 29 de Octubre de 2005, Javi pensaba el tiempo que hacía que no veía a nadie, mientras besaba a Elena de verdad, en la boca, y empezaba oficialmente la fiesta del fin del mundo. Y han sido unos segundos, los que he tardado en darme cuenta de lo que pasaba, pero unos segundos de felicidad plena y tonta. Porque en mi cabeza, durante ese momento, Cuatrocientas Palabras volvía a estar ahí.