Archivos para Cuatrocientas

Otra manera de ser un poco tonta (por lo mismo).

Remito a esta entrada; para confirmar (aunque hace demasiado poco que la escribí) que suelo hacer lo que he hecho hoy.

Ayer a estas horas estaba en Madrid, era el cumpleaños de Moncho y yo no sabía qué regalarle, así que en mi desesperación, la noche anterior me había puesto a mirar algunos post de 400palabras que tengo guardados en mi ordenador, en busca de alguna idea brillante. Hace un rato estaba contándole a algún amigo mi viaje, una conversación cualquiera, tampoco hay demasiado que contar, y me dio por entrar en esa web del la que hablaba en el post del principio. Y ahí es donde entra la magia: escribí “400palab” en la barra de búsqueda del Firefox, y al ver que ya me salían resultados, en un movimiento automático le di una vez a la tecla de dirección abajo y al enter. Y allí estaba; el sábado 29 de Octubre de 2005, Javi pensaba el tiempo que hacía que no veía a nadie, mientras besaba a Elena de verdad, en la boca, y empezaba oficialmente la fiesta del fin del mundo. Y han sido unos segundos, los que he tardado en darme cuenta de lo que pasaba, pero unos segundos de felicidad plena y tonta. Porque en mi cabeza, durante ese momento, Cuatrocientas Palabras volvía a estar ahí.

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Me duelo queriendo (porque soy un poco tonta).

Todavía entro a veces en la dirección de 400palabras. Es un poco enfermo, ya lo sé. Sobre todo porque es horrible lo que me encuentro allí ahora. No por lo que hay (que también), porque no somos nosotros.

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Eres de esas personas que quedan mejor con camiseta.

20 de Febrero de 2008

El hombre que dice (0:05):
A ver si me acuerdo de la camisa si voy a salamanca
Ana dice (0:05):
Lo pasaría fatal
El hombre que dice (0:05):
¿Por?
Ana dice (0:05):
Porque sí, no sé. Además, a ti te quedan bien las camisetas
El hombre que dice (0:05):
Jaja eso es que no me has viso con camisa
El hombre que dice (0:06):
Tremendo

Vale, sí: te lo dije. Como dice Moncho, el viejo truco de la camiseta lo tengo ya muy quemado. Voy a tener que inventarme algo con espinilleras, o algo así.

Luego cuento cosas sobre el recital chachiguay de ayer, que ahora quiero ver los blogs de Silvia y Matías.

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Piruletas.

En las noches en que los errores se mezclan
con las ganas de cometerlos
la sabiduría popular recomienda
llevar una piruleta en el bolsillo.

Al parecer, está científicamente demostrado
que el azúcar inhibe las maldades.

Claro que yo soy de letras
y el médico me ha prohibido el dulce…

algo habrá que comer.


(Elia Maqueda.

Esta noche en El Savor, a las 22.30.

Yo, voy.)

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Zurraspas…

 

Hoy tengo que dedicarle esta entrada a “la chica del pelo-negro-pez y la piel láctea“, porque ella me ha dedicado (un sexto de) este texto que me tiene agarrado el estómago desde que lo leí esta mañana. Y es que todavía duele…

Un beso enorme, Elia… a tí y a nuestros Chicos Cuatrocientas.

 

DE CÓMO LAS ZURRASPAS ACABARON CON UN EJÉRCITO DE CUATROCIENTAS PALABRAS

 

Todo comenzó cuando olvidé colgar las zurraspas a secar. Los vecinos cantaban ópera y una dulce luz roja se esparcía por el patio. Empezaron a gotear las palabras, una por una primero, luego de cien en cien, cuatro chorros incesantes que golpeaban las baldosas, toc toc, y luego glub, glub, y las palabras que se hundían y se hundían. Se celebró un funeral en memoria de todas ellas. Una de las chicas lloraba a lágrima viva, ellos se componían torpemente, ajustando y aflojando sucesivamente los nudos de sus modernas corbatas. Nadie dijo una palabra (cuatrocientas eran ya suficientes). Todo se fue escapando poco a poco, lentamente y sin dolor, como los constipados y los malos olores. Entre sístole y diástole, alivio. En las aurículas, penas congeladas, un puñado de años cortos y años largos y ciudades amarillas como ojos de gato. Se acabaron, al caer una tarde de junio, las andanzas de máquina de escribir y partidos de baloncesto, las salidas nocturnas de emborracharse hasta morir un poco, los errores, las miradas de deseo y los abrazos de cariño, todo, sin decir nada, sin palabras (cuatrocientas eran ya suficientes). Todos estaban presentes: la niña de los ojos mojados y los rizos rabiosos, el chico alto alto alto, el del pelo de paja y corazón de león, el de gafas y corbata que perdía por suerte y el de barba espesa que no dejaba ver sus enormes sonrisas, y también la del pelo-negro-pez y la piel láctea, que no sabía si sentirse culpable o irse de vacaciones a tierras más cálidas. Gente del oeste eran todos, menos algún oriundo de la fría meseta, que no por ello estaba más centrado ni tenía menos pena por la marcha de Sofía, de Teo, de Nando y Ana y Natalia, de Esther, de Luis y de Mauro (o Mauro nunca había estado, o se había ausentado mucho antes). Se citaron las anorexias y los golpes, los amores y los cuernos varios, otros entierros anteriores y otras fiestas del fin del mundo. Se citaron en silencio, claro.

Por último, intentaron borrar todas sus huellas, en todas las calles, en todos los bares, en las facultades que les habían visto perder unos miedos y ganar otros. Se despidieron de todo menos del esquema que había quedado incrustado en sus cabezas. En silencio, se retiraron cada uno a un rincón del mundo, a ver moverse las palabras.

 

Posdateando: No hace falta que las contéis… ya lo hice yo… tiene 400palabras, igual que todos nuestros textos.

Y más posdatas: Podeis leer el texto en su contexto original en el tribuna de esta semana o aquí.

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18 de Junio, Ana.

Esta mañana me he despertado con dolor de cabeza y sintiéndome un poco estúpida y un poco inútil por no hacer nunca las cosas bien. Aunque… no sé, tampoco creo que si hubiese actuado de otra forma, o si hubiese hecho algo distinto, las cosas habrían sido de diferentes; porque al parecer esto no tiene nada que ver conmigo. Ya, claro. Pero… bueno, supongo que podría ser peor, o por lo menos eso suele decirse en estos casos, y que hasta los días como el de ayer tienen su lado bueno. Aunque yo no se lo encuentre, y todo me parezca una mierda, y sólo quiera meterme en un rincón hasta que todo el mundo lo sepa, y no tener que contarlo ni darle explicaciones a nadie. Vino Xoel súper temprano, por la mañana. O… bueno en realidad debían ser las doce, o más, pero yo estaba muerta de sueño porque llevo casi un mes sin tener un horario normal. Pues eso, mientras yo daba cabezadas e intentaba no dormirme por todos los medios, él estuvo haciendo cosas en mi ordenador y se fumó catorce cigarros (vale, sí… he contado las colillas) en un poco más de dos horas. Todo por la puta manía de suavizar las cosas. Total… ¿Para qué? Si al final es siempre lo mismo. Estoy segura de que todo hubiese sido mucho más fácil si no se hubiese pasado todo el tiempo divagando y diciéndome lo importante que soy para él y lo enamorado que estaba de mí y que quiere estar conmigo, para luego decirme que por otro lado no puede evitar pensar que quiere intentarlo con ella porque si no lo intenta se va a pasar el resto de su vida preguntándose qué hubiera pasado si lo hubiese intentado. Y cuando le dije que si no se iba a preguntar qué hubiera pasado si hubiese seguido conmigo me dice que no, porque está seguro de que si siguiera conmigo todo sería perfecto y estaríamos juntos para siempre. Pues si es así no lo entiendo, joder… Y si alguien lo entiende que me lo explique. Y es que no puedo enfadarme con él, me resulta imposible odiarle, o gritarle, o tirarle cosas porque lo peor es que sé que no me lo dice por decir. Es que es tan tonto o tan… no sé, tan poco realista que en su cabeza todo tiene perfecto sentido.

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3 de Junio, Ana.

Hoy me toca noche melancólica. No me apetece hacer nada, pero lo que menos, menos, menos me apetece es estar sola en casa, aquí, delante del ordenador rayándome por todo cuando ni siquiera sé qué va a pasar. Odio ser una romántica estúpida y estar casi convencida de las cosas cuando estoy segura de que son tonterías mías, aunque en el fondo sé que son verdad y que aunque no quiera tengo razón, pero en el fondo creo que no (sí, estamos en “esos días del mes”). En fin, necesito un vaso de leche y un Neobrufén. Y una conversación de tíos. No sobre tíos, de tíos. No sé… con mis amigos de siempre tengo la sensación de que soy “uno más”, o por lo menos eso me parece a mi. Me refiero a que aunque sea chica, para ellos he sido siempre un colega, uno sin pene. Eso ahora no me pasa, y hay veces que lo echo de menos. Me gustaba sentirme así. Me gustan los chicos. Como amigos, digo. Y eso, ahora… creo que lo único que me hace falta ahora mismo es quedar con alguien para jugar a la Play 2, y para hablar de pelis como Sin City, o Kill Bill, o… no sé, de pelis con mucha sangre; y de chicas, y de comics… y necesito sexo salvaje sin decir ni una palabra. O por lo menos ninguna que no sea guarra. Eso, necesito eso y nada más. Pero en vez de eso, tengo un novio subnormal que me quiere un día y al siguiente no, y que no se da cuenta de que esto me está volviendo loca o algo peor; y que me dice “Si necesitas lo que sea me llamas”, y cuando le llamo me dice que había quedado con Rafa y Fran pero que no pasa nada, que si yo quiero les avisa y viene a casa a estar conmigo. Y yo le digo que no, que no hace falta; porque si le apetece más estar con sus amigos no quiero que venga porque yo se lo pido; y él me dice que si estoy segura, que no le importa venir, y le digo que no, que no venga, que estoy bien, y él se lo cree y sale y yo me quedo en casa y odio darle tantas vueltas a las cosas y que nos esté pasando todo esto.

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17 de Mayo, Ana.

Me he cortado. Estaba jugando con un Cutter y un trozo de cartón pluma mientras Xoel hacía el trabajo de escultura y me contaba que se está bajando no sé que de una serie de Star Wars sobre lo que pasó entre el Episodio Dos y el Tres, y que él cree que Anakin nunca se pasó del todo al Lado Oscuro, y que es de dibujos, pero sale la ceremonia que hacen cuando alguien va a ser Jedi, y que le han dicho que es una pasada y… joder, tengo la mano envuelta en una toalla que cada vez se llena más de sangre, y no deja de dolerme, y no paro de pensar en que al bajar he manchado la alfombra del descansillo y que el taxi podría ir un poco más deprisa porque voy a poner perdida la tapicería si esto empieza a gotear; pero no va a gotear, porque la toalla empapa mucho, y además creo que tampoco me corté tanto, sólo que la sangre es muy escandalosa; como cuando era pequeña y se me clavó un cristal en la playa y me llevaron en brazos al puesto de socorro, y yo no dejaba de llorar porque veía que la sábana de la camilla estaba llena de mi sangre y creía que me iba a morir y yo no me quería morir; y a la vuelta había un montón de manchitas rojas en la arena, y luego el abuelo me compró un helado porque había sido muy valiente. Pero esta vez no fui tan valiente y cuando metí la mano debajo del grifo, el lavabo se puso todo rojo, y Xoel blanco, y yo quería decirle que no pasaba nada, que no se preocupara y que me siguiera contando lo de Darth Vader, que sólo había un par de gotas de sangre y que el resto era todo agua, pero entonces me miré la mano, y le miré a él porque no podía hablar, y no sé cómo voy a hacerlos putos exámenes con la mano así, aunque en realidad no sé cuanto me corté porque no me dio tiempo a verme la herida, sólo sé que me duele, y que estoy helada y tengo la mano ardiendo, y que ahora también quiero llorar pero no puedo porque hay algo que me aprieta en la garganta mientras vamos… que ahí van a tener que darte puntos.

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7 de Marzo, Ana.

Hace dos horas acababa de llegar de clase y estaba preparándome un bocadillo de Nocilla. Al principio no me lo creía… mi padre llamándome para decirme que dónde había estado, que ya, que sí, que cogiera el primer autobús que pudiera. Joder, a veces tengo la sensación de que siempre me pierdo los mejores momentos de mi vida. Me da envidia la gente que está enganchada al móvil, por lo menos ellos se enteran de las cosas cuando pasan. Pero no, yo, gracias a mi puta manía de dejarme siempre el teléfono en la habitación, llegaré a casa dentro de cinco horas, y para entonces estará ya todo el mundo en el hospital y tendré que aguantar las chorradas de un montón de gente (durante días, y días, y días…) haciendo carantoñas y monerías, y comentando cómo será la vida de alguien que todavía ni es, casi. Me agobia la gente… en estos casos deberían estar prohibidas las visitas, ¿A quién le apetece poner buena cara después de una cesárea?. Y encima, con las prisas, se me ha olvidado coger el MP3. Y no puedo dormir. Si por lo menos la película del bus mereciera un poco la pena… pero la verdad es que parece bastante mala. Ahora mismo sale un tío con bigote apuntando con una pistola a otro con pinta de no haber visto una ducha en mucho tiempo, y una chica agachada entre unas cajas, llorando con el maquillaje corrido por toda la cara y las manos. Sin sonido la escena es bastante graciosa. Es que es de coña, esto… toda la vida siendo hija única hasta las once de esta mañana, que Lucía va, se pone de parto, y cuatro horas después… tengo una hermana. Mi padre dice que se parece a mí cuando era pequeña, pero tampoco es que él vea recién nacidos muy a menudo. Además, todos los bebés se parecen al principio. Pero me apetece mucho conocerla, me hace ilusión saber cómo será. Cuando sea mayor podré contarle que cuando ella nació yo estaba en prácticas de Metodología y no me enteré de nada hasta varias horas después porque me había dejado el móvil en el piso. Tiene su gracia, la historia. Me gusta que digan que nos parecemos. Es… es raro, mi padre teniendo un bebé ahora. Es como si… de repente se me hiciera mayor, o… viejo, o lo que sea.

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28 de Enero, Ana.

Acabé los exámenes, por fin puedo vaguear todo el día. Ahora sólo falta aprobar. ¡Fuf! Tengo tantas ganas de hacer cosas que voy a pasarme todo el día tumbada en el sofá. Quiero hacer un viaje. A Japón, o algo. Y comprar Sugus, Lacasitos y cosas así. Ahins… estoy emocionadísima y toda feliz. Acabo de esconder los apuntes de Inteligencia y los de Sexualidad encima del armario, porque no los quiero volver a ver en la vida. O… por lo menos hasta este verano, cuando tenga que volver a estudiármelos. Bueno, todavía me queda hacer un parcial en Febrero, pero vamos, después de hacer el de Metodología, puedo soportarlo todo. Lo más memorable ha sido esta mañana, la sobrada del examen de la de libre. Ya me habían dicho que el Requero tiene fama de ser bastante cabrón, pero… bueno, espero que no se flipe demasiado puntuando a la baja, que por mucha Literatura Barroca que sea, no deja de dar una asignatura chorra de libre elección. Tampoco creo que sea muy difícil aprobar; me leí los apuntes un par de veces y más o menos lo controlaba todo. Para algo he ido a clase casi todos los días… o bastantes. Vamos, que he faltado la mitad de las veces, pero es que el tío es un pedante… no lo soporto. Y nada, voy a ver si encuentro por aquí alguna peli que merezca la pena y le digo a Jandro que la vea conmigo, que desde que lo dejó con Lupe apenas sale de la habitación. Yo en el fondo me alegro, porque la tía era un poco guarra. No, si… ya se lo dije yo cuando empezó a ponerse tonto con ella, pero… pobre, me da penita verle así. A ver si consigo que salga conmigo de farra esta noche y que se le pase un poco. Y a ver si Santi se anima y viene también con nosotros, que hace un montón que no salimos los tres juntos de fiesta, aunque… creo que me dijo que quería invitar a cenar a Ángel, así que no va a colar. Dios… es que son como echarle azúcar a la leche condensada, no he visto una pareja así en la vida. En fin, espero no volverme nunca tan empalagosa con Xoel como lo son ellos. Pero… a ver si le convenzo, que me apetece un montón que salgamos los tres.

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