“Cuando nos enamoramos, el hipotalamo viaja por nuestro sistema nervioso…”
¿Por qué delegar en la secreción de hormonas cuando puedes ir tú mismo a resolver lo que haga falta?
“Cuando nos enamoramos, el hipotalamo viaja por nuestro sistema nervioso…”
¿Por qué delegar en la secreción de hormonas cuando puedes ir tú mismo a resolver lo que haga falta?
Acabo de enterarme de que mi contrato del piso de este año acaba el 31 de agosto.
Lo juro, acabo de enterarme.
Ya sé que es culpa mía, y que tenía que haberlo mirado antes, y que esas cosas se hablan antes de firmarlas, pero… ahora solo puedo pensar en la que se me viene encima.
Yo me voy de Salamanca el finde del 27 de Junio. No pienso volver hasta finales de Agosto, cuando ya tendré un piso distinto. Hay dos meses en los que no voy a estar, y que no voy a pagar, pero… obviamente, se me quedarán con la finanza. Y la fianza es dinero con el que contaba para el verano. Y la casera está en otro país, así que no puedo hablar con ella.
Menos mal que al final decidimos buscar piso para el curso que viene después del verano.
Estábamos tomando café, como casi cada día, en el bar habitual, cuando se acerca alguien hacia nosotras (yo estaba de espaldas) y dice:
“No tendréis un cigarrillo para uno de los poetas más importantes de Salamanca.”
Yo me volví, esperando encontrarme con alguno de mis amigos poetas, que además de ser guapísimos, son los más importantes de Salamanca para mi; pero no… allí solo había un señor.
Al rato (después de fumarse el cigarro, supongo) saca unas revistas y se pone a arrancar páginas y un poco después se nos vuelve a acercar con una hoja de “Yo Dona” en la mano, y nos la da:
“Esto es una cosa que he escrito. Yo soy escritor y me inspiro en la actualidad, en las noticias, para escribir.”
En el papel que nos dió había un artículo sobre una enfermera de Zimbabue, y arriba, en el márgen, escrito a mano (literalmente):
Un escritor debe dar testimonio y amor por bandera luz y valor a aquellos que sufren la violencia de las dictaduras de áfrica.
Venancio García – Escritor -
En fin, es nuestro bar y su fauna autóctona.
Acabo de ver el último capítulo de la última temporada de The L Word. Podría compararlo con cuando vi el último de QAF, hará cuatro años, pero es que esta vez solo puedo decir una cosa:
WHAT.THE.FUCK
Genial. Ese tío le ha dado una patada al balón. Ahora la pelota está allí. Aquel hombre la tiene ahora, qué interesante. A lo mejor ahora le da una patada. Efectivamente, lo ha hecho, y aparentemente eso merece una plauso.
Mi pasión por la tortilla de patatas es conocida de sobra por todos los lectores de este blog. Soy fan incondicional, y me gusta de todas las formas habidas y por haber (y si no… se arregla con ketchup).
Todavía entro a veces en la dirección de 400palabras. Es un poco enfermo, ya lo sé. Sobre todo porque es horrible lo que me encuentro allí ahora. No por lo que hay (que también), porque no somos nosotros.
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Ya han puesto la sobre-fachada esa fea en la sede de Caja Duero en la calle Zamora (¿Qué mente perversa diseña ESO todos los años?).
Ya han encendido las luces de Carrefour.
Ya está el escaparate de Casa lleno de nieve de mentira.
Ya es Navidad.
Bueno. Pues ya pasaron mis minivacaciones en Cáceres.
*Silencio*
Sí, hasta aquí puedo leer. ¿No os han dicho nunca que el silencio es el mejor cripticismo de todos? xDDD
Bueno, mi finde largo empezaba saliendo de aquí el jueves a las tres y diez de la tarde. A lo tonto, mi bus se retrasó casi media hora… es gracioso como en ALSA no avisan de nada ni dan explicaciones ni nada de nada. Je.
Me estresa mucho viajar en autobus. Vale, miento: lo que me estresa es prepararme para el viaje. Hacer maletas, comprobar todo miles de veces (sobre todo ver si no me he dejado los calcetines, que no sería la primera vez que me pasa), cargar los aparatos electrónicos, tachar listas, las compras de última hora, rallarme con los puñeteros (y recurrentes) “y si…”. Afú (Como diría Krys), no me gusta.
Luego viajar, en sí, me encanta, probablemente a fuerza de que antes lo hacía continuamente (viajes a Villanueva todos los fines de Semana durante… ¿14 años?…). Me gusta ponerme música y evadirme, o quedarme agilipollada en el bus mirando por la ventanilla. Además, que casi todos los medios de transporte activan un resorte en mí que me deja completamente frita (a veces tengo que luchar para no quedarme dormida en ciertas situaciones).
Ya han pasado un par de días desde que volví (y qué días más increíbles hemos pasado, jo… Cuatro días sin ningún número-bronca, donde hasta el problema más chungo se habla y se soluciona, donde todas las paranoias se evaporan como por arte de magia (¿Verdad que nadie va a hacer el chiste fácil?…). En serio, qué falta me hacía algo así. Y ya paro de airear mi vida sentimental, que no parezco yo, coño xD), y ahora me queda un mes de mucho, mucho, trabajo antes de volver a los días de playa.