Archivos para Recitales y demás

El universo está intentando decirme algo.

Me acabo de duchar y está lloviendo. Me hace gracia ver por la ventana que la calle está mojada, y que el suelo de mi cuarto esté mojado, y pensar que no sé cómo hubiera escrito esto si lo hubiera escrito anoche cuando llegué a casa. También llovía. Sí, me hacen gracia cosas muy raras.

Dije que iba a hablar del recital. Fue muy guay, los recitales de Elia siempre son muy guays. No sé por qué me ha dado hoy por la sinestesia y por escribir así de raro, pero es verdad: cuando leo o escucho a Elia veo escenas con colores sobresaturados y sangre, y vísceras, y sexo, y cosas que aunque duelan son estéticas.

Últimamente trabajo mucho con imágenes. Bueno… “trabajo” no es la palabra. Funciono, mejor. Es algo que nunca me había pasado antes… nunca he sabido dibujar, ni hacer fotos, ni nada de eso; pero últimamente he caído irremediablemente en el mundo Flickr, y será por eso que me ha dado por pasar a papel (sea del tipo que sea, el papel) los conceptos. Me pasa también cuando escribo; antes en mis textos siempre pasaban cosas… ahora puede no pasar nada. Y es guay… no me quedan tan bien como me gustaría, pero es guay que me salgan cosas distintas. Ahora, también, leo a veces cosas en alto. Para ver si sé, supongo. Y también es guay notar que ahora lo hago mucho mejor que antes. O eso me parece a mi… porque nadie más me escucha. Hace un rato he estado viendo los blogs de los chicos de los que hablaba en el post anterior, y he encontrado un texto que he tenido ganas de leer en alto, y lo he hecho. Y no digo de quien para mantener el misterio, porque soy una chica interesante y misteriosa. Y porque me da vergüenza. Es un poco estúpido, ésto.

Al final en vez de hablar del recital casi he hablado sólo de mi. Otro día tengo que  hablar de lo raro que es que alguien a quien acabas de conocer te diga que lee tu blog. Es una sensación guay y un poco rara a la vez. Como un “Hola, ya sabes que papirofléxia, que suspendí Neuropsicología, que tengo un látigo, y que me gustaría vivir con un gato gris; me llamo Ana, ¿Qué tal?”. Algo así.

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Eres de esas personas que quedan mejor con camiseta.

20 de Febrero de 2008

El hombre que dice (0:05):
A ver si me acuerdo de la camisa si voy a salamanca
Ana dice (0:05):
Lo pasaría fatal
El hombre que dice (0:05):
¿Por?
Ana dice (0:05):
Porque sí, no sé. Además, a ti te quedan bien las camisetas
El hombre que dice (0:05):
Jaja eso es que no me has viso con camisa
El hombre que dice (0:06):
Tremendo

Vale, sí: te lo dije. Como dice Moncho, el viejo truco de la camiseta lo tengo ya muy quemado. Voy a tener que inventarme algo con espinilleras, o algo así.

Luego cuento cosas sobre el recital chachiguay de ayer, que ahora quiero ver los blogs de Silvia y Matías.

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Piruletas.

En las noches en que los errores se mezclan
con las ganas de cometerlos
la sabiduría popular recomienda
llevar una piruleta en el bolsillo.

Al parecer, está científicamente demostrado
que el azúcar inhibe las maldades.

Claro que yo soy de letras
y el médico me ha prohibido el dulce…

algo habrá que comer.


(Elia Maqueda.

Esta noche en El Savor, a las 22.30.

Yo, voy.)

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Algunas cosas que han pasado estos días.

Yo antes escribía en el blog siempre que me pasaba algo importante. O siempre que me sentía bien, o que me sentía mal, o que algo me hacía gracia, o lo que sea.

Últimamente han pasado un montón de cosas guays. Y como ponerme a contarlas todas despacio daría lugar a un post de seis páginas que no estoy dispuesta a escribir, me pongo un límite: 100 palabras por acontecimiento.

Vamos allá:

1.- Quedé para tomar un café con Ortiz: Ortiz es esa persona que me dice que soy tan mona como un Pokemon, me canta que no me sienta bien el amarillo cuando llevo el peto amarillo puesto, duda que soy pequeña y formal sólo porque se lo digo en la puerta del cuarto del amor lésbico mientras agarro un látigo, me muerde, me dice que si no me conociera pensaría que soy insulsa, y que, además, es mi amigo. Llevábamos un año diciendo que quedaríamos; y, como siempre, le tocó a él llevar la iniciativa. Y fue bueno porque Ortiz mola, y más ahora que lee mi blog.

2.- Se acabó el curso de Esperanto: Esto no es que sea intrínsecamente guay (el profe también lee mi blog xD), pero ahora puedo poner en mi currículum eso de “Esperanto: Nivel medio”, a pesar de que lo use solamente para entender dibujos animados para niños de menos de 3 años y guarrerías que me dice Fede; y para escribir títulos de fotos en Flickr. Pero esto no será siempre así… no, no, no. El curso que viene voy a escribir cartas en Esperanto cutre y chungo (porque además en las cartas no se verá mi maravillosa pronunciación), así que tendré que practicar un montón hasta entonces.

3.- Pulso Teatro estrenó El método Grönholm: Hubo ensayos generales, preestreno en La Herramienta, repasos, risas y olvidos, estreno en Fonseca, y habrá varias representaciones más estos días, a las que, por supuesto, intentaré ir como buena fan enferma-histérica-histriónica que soy. No voy a decir que merece la pena verlo porque la obra está muy bien y los actores son todos guapisísimos, porque eso ya lo dice todo el mundo. Ah! Y por si alguien todavía no se ha enterado, en el estreno yo controlé las luces y me sentí súper poderosa al frente de esa mesaza llena de botones que sólo yo sabía pulsar.

4.- El recital de Roberto (, Javi Delgado y Cristina Blanco): Que… poemas, y columnas, y recuerdos, y las canciones de Javi y algunos colaboradores. Siempre es guay quedar con los chicos Cuatrocientas, sobre todo cuando hay recital. No es relevante el hecho de que al ver aparecer a Roberto vestido de futbolista me subieran calores (el “y me bajaran fluidos” son palabras de Fede. A mi no me miréis. Además, no es cierto). No es relevante ni es para nada gracioso. Soy consciente de que es una enfermedad y me lo estoy tratando. Y… Fede, deberías dejar de reírte de mí por eso; pero sobre todo, de contárselo a gente.

Seguro que me han pasado más cosas, pero… otro día.

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Zurraspas…

 

Hoy tengo que dedicarle esta entrada a “la chica del pelo-negro-pez y la piel láctea“, porque ella me ha dedicado (un sexto de) este texto que me tiene agarrado el estómago desde que lo leí esta mañana. Y es que todavía duele…

Un beso enorme, Elia… a tí y a nuestros Chicos Cuatrocientas.

 

DE CÓMO LAS ZURRASPAS ACABARON CON UN EJÉRCITO DE CUATROCIENTAS PALABRAS

 

Todo comenzó cuando olvidé colgar las zurraspas a secar. Los vecinos cantaban ópera y una dulce luz roja se esparcía por el patio. Empezaron a gotear las palabras, una por una primero, luego de cien en cien, cuatro chorros incesantes que golpeaban las baldosas, toc toc, y luego glub, glub, y las palabras que se hundían y se hundían. Se celebró un funeral en memoria de todas ellas. Una de las chicas lloraba a lágrima viva, ellos se componían torpemente, ajustando y aflojando sucesivamente los nudos de sus modernas corbatas. Nadie dijo una palabra (cuatrocientas eran ya suficientes). Todo se fue escapando poco a poco, lentamente y sin dolor, como los constipados y los malos olores. Entre sístole y diástole, alivio. En las aurículas, penas congeladas, un puñado de años cortos y años largos y ciudades amarillas como ojos de gato. Se acabaron, al caer una tarde de junio, las andanzas de máquina de escribir y partidos de baloncesto, las salidas nocturnas de emborracharse hasta morir un poco, los errores, las miradas de deseo y los abrazos de cariño, todo, sin decir nada, sin palabras (cuatrocientas eran ya suficientes). Todos estaban presentes: la niña de los ojos mojados y los rizos rabiosos, el chico alto alto alto, el del pelo de paja y corazón de león, el de gafas y corbata que perdía por suerte y el de barba espesa que no dejaba ver sus enormes sonrisas, y también la del pelo-negro-pez y la piel láctea, que no sabía si sentirse culpable o irse de vacaciones a tierras más cálidas. Gente del oeste eran todos, menos algún oriundo de la fría meseta, que no por ello estaba más centrado ni tenía menos pena por la marcha de Sofía, de Teo, de Nando y Ana y Natalia, de Esther, de Luis y de Mauro (o Mauro nunca había estado, o se había ausentado mucho antes). Se citaron las anorexias y los golpes, los amores y los cuernos varios, otros entierros anteriores y otras fiestas del fin del mundo. Se citaron en silencio, claro.

Por último, intentaron borrar todas sus huellas, en todas las calles, en todos los bares, en las facultades que les habían visto perder unos miedos y ganar otros. Se despidieron de todo menos del esquema que había quedado incrustado en sus cabezas. En silencio, se retiraron cada uno a un rincón del mundo, a ver moverse las palabras.

 

Posdateando: No hace falta que las contéis… ya lo hice yo… tiene 400palabras, igual que todos nuestros textos.

Y más posdatas: Podeis leer el texto en su contexto original en el tribuna de esta semana o aquí.

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All my troubles seemed so far… y todo eso.

He aprendido muchas cosas en el recital. Siempre aprendo en los recitales. O puede que eso sea lo que me parece a mí por la sensación de agilipollamiento generalizado que me invade durante los dos, tres, quice días siguientes.

A las cuatro y pico (ya sé que me iba a dormir, y que tenía mucho sueño y todo eso… y era verdad, te lo prometo), me he puesto a escribir una cosa de esas de seis lineas que nunca ven la luz, y en mi cabeza sonaba como leída en el recital (es que, por si lee esto alguien que no lo sepa, Roberto pone un tonillo muy raro cuando recita y cuando lee (<– Esto sí es un comentario hiriente xD), y (no por eso) me ha dado un ataque destructivo de estos que me dan últimamente (y que espero que se me pasen y no sea algo patológico…) y he roto el folio (nah… no os habeis perdido nada… no ha sido algo espectacular: sin gritos, ni golpes, ni nada de eso), y ahora me arrepiento, porque de lo que me acuerdo me gustaba.

Estoy muy cansada y me voy a dormir.

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Finde Cuatrocientero (¡Elia, te queremos!).

Quedamos en el reloj (como siempre), El Otro lado, cenas en el Papas, barra libres de garrafón a 4 Euros, abrazos de los que molan, chupito de vodka con lima (puagh!), gente que desaparece de repente (o que se pierde, o lo que sea), historias nuevas, besos (de los que molan, también), gente que habla en el baño, fotos, un mexicano que me pide por favor que me folle a Roberto, taxi de vuelta, piso nuevo (donde beber Lambrusco y Cocacola), Moncho y sus preguntas turbias, cortos y documentales, Yáñez con la cámara, un libro para parecer experto en literatura, mucho sueño, más besos y mil semáforos de vuelta a casa, no hacer nada en todo el día, el piso de arriba de La Imprenta, Ortiz cantándome que no me queda bien el amarillo (yo con el peto), mucho frio, gente que empuja, hablar de viajes, intentar comprometernos a escribir, efecto AXE, cajeros con cola (que no dan dinero), echar de menos a los que faltaban y odiar un poco a los que estaban, porque no están siempre. Y más besos para todos.

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Buenas Noches…

Contaría la noche de anoche, para releerla dentro de un tiempo y acordarme de lo bien que me sentó (y lo bien que me ha venido poder ver cómo me sentía exactamente hoy hace seis meses), pero mi madre acaba de llamar, y me ha despertado, y tengo una sensación parecida a lo que yo me imagino que debe ser una resaca. Y no me apetece.

Nuevo piso, nuevas caras (que ya existían, aunque de otra forma), mucha gente y propósitos de fin de año de darle vida a Cuatrocientas. Habrá que pegarle duro… me gusta.

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Hooolaaa!!!.

Bueno… han pasado muchas cosas desde la última vez que escribí; y todavía más desde que escribí un post coherente y con sentido, y de más de tres líneas. Vino Bernabé con una semana de vacaciones y estuvo nueve días. Lo pasamos bien. No… no voy a contar nada, no porque no pueda, sino porque me dejaría cosas y porque es muy difícil explicar todo lo que ha pasado estos días. Estoy bien, feliz. A pesar de que es la primera vez en mi vida (creo) que me he puesto a llorar al pasar delante de un cajero automático porque fue ahí donde miró un día antes que ya le habían ingresado el sueldo los malvados de Telepizza; o que me apetece dormir abrazada a un cojín naranja porque así me es más fácil imaginarme que está cerca, aunque sé que es una tontería y me siento muy estúpida contándolo. Vino conmigo a clase, y vimos el centro, comimos en el quebap, fuimos a tomar batido de limón con miel en Mandala, nos perdimos yendo al río, dormimos fatal, vivimos en casa de Jess, Begue y María el fin de semana, compramos billetes de tren y los cambiamos al día siguiente. Y comprobé que Bernabé se parece sospechosamente a SuperÑoño (incluso tiene el súper poder el boli Bic…), y muchas más cosas, pero… bueno, no sé… eso. Que me siento como una quinceañera con hormonas rugientes. Pero feliz.

También llegué (de esto hace más tiempo) a Salamanca e hice los exámenes. Al final no me fue mal del todo, pero… bueno, todo es mejorable, siempre. Tercero me gusta. Al menos (y de momento) mucho más que segundo. Además este año estoy estudiando Italiano y me lo paso súper bien en clase. No sé… no es que sea súper divertido, pero me gusta estudiar idiomas (ahem… hasta ahora solo había estudiado Inglés en el instituto y un poco de francés, dos años en el cole… pero no aprendí nada) y cuando estamos en clase, aunque tengo la certeza siempre de que me va a preguntar… sé que va a ser algo corto y poco doloroso. Y además me queda bien el acento italiano xD. En la resi también bien. Llegaron los novatos, hicimos novatadas y son todos muy majos. La verdad es que de momento hay bastante buen rollo (excepto en un puntito… ahem…); pero como siempre acabaremos matándonos todos, sólo es cuestión de tiempo.

También fui al concierto de Calamaro y Ariel Rot (y Quique González, que si no lo pongo igual Moncho se molesta). Lo pasé mucho mejor de lo que esperaba (sobre todo teniendo en cuenta que no asociaba ninguna canción a esos cantantes…), aunque me cansé muchísimo. Pero bueno, vi a mis chicos Cuatrocientas y allegados, (menos a Roberto, que está en Madrid y me tiene muy enfadada, y le odio y no voy a quererle nunca más porque no queda conmigo desde antes del verano y se ha ido a vivir a otra ciudad sin despedirse de mi; aunque vimos a un chico que se le parecía mucho. Incluso llevaba una sudadera blanca y todo!) y eso estuvo súper bien. De momento no les he vuelto a ver, ni sé cuando les veré… Moncho está en Nueva York (ñañañaña…), Ortiz ha desaparecido (aunque el otro día vi a Irene… que no tiene mucho que ver porque son dos personas independientes, pero… bueno, algo es algo. Además, me hizo ilusión verla, jobar!), Roberto y Yáñez en Madrid, y Elia creo que está buscando trabajo no sé dónde… Bueno, y Mónica ya se nos fue a algún lugar (que no voy a concretar porque no me lo sé, y por no quedar mal xD) de Inglaterra, o Gran Bretaña, o algo. Que perros son todos, ñañaña…

En fin, otro día más; que ya me estoy alargando y en teoría esto era un post para quedar bien, pero no me apetece nada actualizar…

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Ya es Mayo.

Queee… bueno, ahora se acercan los exámenes, así que posiblemente postearé mucho más (ya sabéis… eso de hacer cualquier otra cosa antes de estudiar, para poder pensar, cuando suspenda, que suspendí porque no estudié lo suficiente y no porque no sea capaz de aprobar. Son mentiras piadosas), aunque no garantizo nada.

Ayer fue la graduación de Elia. Lo pasé bien, fue un buen día. Y además, me sentía súper guapa con mi vestido y los tacones de 10cm. Lo siento por todos aquellos a los que les habría gustado quitarme el vestido a mordiscos verme. En la graduación me encontré con el de memoria (Creo que es la primera vez que le llamo así), porque su hijo también se graduaba, aunque creo que Elia sigue sin saber quién es. Me sorprendió un montón que me conociera, y eso… y que se alegrara de verme, sobre todo cuando prácticamente ya no es mi profe (lo será sólo el día del examen, porque ya no tenemos más clases, y… espero aprobar). Por cierto, no es que ya no diga frases míticas, es que yo soy vaga y no las paso.

Vale, a hora vamos al terreno egoísta: Ayer fui plenamente consciente de que es muy posible que la mitad del equipo Cuatrocientas (4 Hundred Team… me suena a equipo de baloncesto…) no esté aquí el año que viene. Acabo de releer esa frase y me siento un poco tonta… mmm… ¿Yo hablo así de verdad? Porque… me ha salido del alma… En fin, sigo: Que… me da mucha pena, porque… no sé, todo el mundo sabe lo importante que son para mi, (y sé que lo van a leer, y me da vergüenza que lo lean, pero bueno) y… que me gusta mucho como es mi vida desde que les conozco (a ellos y a los allegados, amigos, parejas sentimentales, y tal… que también son de la familia), y… no sé, que no quiero que se vayan. No. Y se acabó. En fin, ya estoy volviendo a llorar (porque lo que escribo es una parte muy pequeña de lo que pienso, porque me suena pasteloso cuando lo veo escrito) así que lo voy a dejar. Pero estaría bien que los que nunca comentáis me dijerais cosas de esas que luego nunca se cumplen pero que sientan tan bien en momentos como este; como que nos vamos a seguir viendo de vez en cuando, o que vendréis todos a la resi el día de mi cumple, o que me invitareis a vuestra casa aunque viváis en otro país.

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