“Cuando nos enamoramos, el hipotalamo viaja por nuestro sistema nervioso…”
¿Por qué delegar en la secreción de hormonas cuando puedes ir tú mismo a resolver lo que haga falta?
“Cuando nos enamoramos, el hipotalamo viaja por nuestro sistema nervioso…”
¿Por qué delegar en la secreción de hormonas cuando puedes ir tú mismo a resolver lo que haga falta?
Estábamos tomando café, como casi cada día, en el bar habitual, cuando se acerca alguien hacia nosotras (yo estaba de espaldas) y dice:
“No tendréis un cigarrillo para uno de los poetas más importantes de Salamanca.”
Yo me volví, esperando encontrarme con alguno de mis amigos poetas, que además de ser guapísimos, son los más importantes de Salamanca para mi; pero no… allí solo había un señor.
Al rato (después de fumarse el cigarro, supongo) saca unas revistas y se pone a arrancar páginas y un poco después se nos vuelve a acercar con una hoja de “Yo Dona” en la mano, y nos la da:
“Esto es una cosa que he escrito. Yo soy escritor y me inspiro en la actualidad, en las noticias, para escribir.”
En el papel que nos dió había un artículo sobre una enfermera de Zimbabue, y arriba, en el márgen, escrito a mano (literalmente):
Un escritor debe dar testimonio y amor por bandera luz y valor a aquellos que sufren la violencia de las dictaduras de áfrica.
Venancio García – Escritor -
En fin, es nuestro bar y su fauna autóctona.
Genial. Ese tío le ha dado una patada al balón. Ahora la pelota está allí. Aquel hombre la tiene ahora, qué interesante. A lo mejor ahora le da una patada. Efectivamente, lo ha hecho, y aparentemente eso merece una plauso.
Cada vez que empiezo algún post para contar el viaje a Granada lo borro y vuelvo a empezar a las tres líneas. Si este texto no las supera, sobrevivirá para contarlo. Fue muy guay. Para saber más tendréis que invitarme a un café.
Todo el mundo piensa que Woody Allen es un intelectual.
A mi me parece que es un gilipollas.
Yo antes escribía en el blog siempre que me pasaba algo importante. O siempre que me sentía bien, o que me sentía mal, o que algo me hacía gracia, o lo que sea.
Últimamente han pasado un montón de cosas guays. Y como ponerme a contarlas todas despacio daría lugar a un post de seis páginas que no estoy dispuesta a escribir, me pongo un límite: 100 palabras por acontecimiento.
Vamos allá:
1.- Quedé para tomar un café con Ortiz: Ortiz es esa persona que me dice que soy tan mona como un Pokemon, me canta que no me sienta bien el amarillo cuando llevo el peto amarillo puesto, duda que soy pequeña y formal sólo porque se lo digo en la puerta del cuarto del amor lésbico mientras agarro un látigo, me muerde, me dice que si no me conociera pensaría que soy insulsa, y que, además, es mi amigo. Llevábamos un año diciendo que quedaríamos; y, como siempre, le tocó a él llevar la iniciativa. Y fue bueno porque Ortiz mola, y más ahora que lee mi blog.
2.- Se acabó el curso de Esperanto: Esto no es que sea intrínsecamente guay (el profe también lee mi blog xD), pero ahora puedo poner en mi currículum eso de “Esperanto: Nivel medio”, a pesar de que lo use solamente para entender dibujos animados para niños de menos de 3 años y guarrerías que me dice Fede; y para escribir títulos de fotos en Flickr. Pero esto no será siempre así… no, no, no. El curso que viene voy a escribir cartas en Esperanto cutre y chungo (porque además en las cartas no se verá mi maravillosa pronunciación), así que tendré que practicar un montón hasta entonces.
3.- Pulso Teatro estrenó El método Grönholm: Hubo ensayos generales, preestreno en La Herramienta, repasos, risas y olvidos, estreno en Fonseca, y habrá varias representaciones más estos días, a las que, por supuesto, intentaré ir como buena fan enferma-histérica-histriónica que soy. No voy a decir que merece la pena verlo porque la obra está muy bien y los actores son todos guapisísimos, porque eso ya lo dice todo el mundo. Ah! Y por si alguien todavía no se ha enterado, en el estreno yo controlé las luces y me sentí súper poderosa al frente de esa mesaza llena de botones que sólo yo sabía pulsar.
4.- El recital de Roberto (, Javi Delgado y Cristina Blanco): Que… poemas, y columnas, y recuerdos, y las canciones de Javi y algunos colaboradores. Siempre es guay quedar con los chicos Cuatrocientas, sobre todo cuando hay recital. No es relevante el hecho de que al ver aparecer a Roberto vestido de futbolista me subieran calores (el “y me bajaran fluidos” son palabras de Fede. A mi no me miréis. Además, no es cierto). No es relevante ni es para nada gracioso. Soy consciente de que es una enfermedad y me lo estoy tratando. Y… Fede, deberías dejar de reírte de mí por eso; pero sobre todo, de contárselo a gente.
Seguro que me han pasado más cosas, pero… otro día.
Yo no suelo hablar de noticias en el blog (todos sabemos que os interesa mucho más mi vida personal), pero es que esto no lo he podido evitar:
“Los homosexuales son responsables de la ola de terremotos que ha sacudido Israel en los últimos meses porque Dios ya advirtió de sacudiría el mundo si había gente que “meneaba” los genitales donde no se debe, dijo el miércoles Shlomo Benizri, uno de los 12 diputados del partido Shass, en la Knesset (Parlamento).”
Así que… nada, cuidadito con dónde meneamos los genitales; no vaya a ser que la próxima vez os echen la culpa del calentamiento global.
Anoche lo pasé bien en la cena. Celebramos una nochevieja alternativa a la nochevieja alternativa y me sentí súper bien, y todo eso… los amigos de Elena y Blanca molan. Y los amigos de los amigos de Elena y Blanca, también. Al menos para un rato.
Fuimos a la plaza a las 12, y a las 12:02 nos tomamos las uvas (que eran moritas de gominola… y no me he empalagado más en mi vida…) a pitido de trompeta de cotillón. Luego fuimos de bares, y en el Ladoscuro me encontré con el señor Antang, que me dio un abrazo grande, grande, de los que me gustan; a Maga, que me enfadó un poco porque recitó ayer y no me avisó para que fuera a escucharla, y a Pau, Begue y María, pero a ellos sólo les vi un momento porque ya nos íbamos. En el Country mis pies dijeron que ya no podían más, y que iba a tener que volver a casa en taxi, pero mientras tanto, estuve todo el rato sentada, hablando con las chicas y con David, y sobre todo con Juanjo (que nos invitó a su casa a Inés y a mi) y con Ranma (que quería que le invitara yo a la mía), mientras Elena se reía de nosotros de lejos. Lo pasé bien, sí; aunque me dio penita no ver a los niños del Fray, que hace mucho, mucho que no les veo.
Hoy tengo el día un poco nostálgico (para ser sincera, llevo unos días así…). El viernes pasado me quité la pulsera que me regaló Bernabé (cosa que es buena, porque simboliza que quiero pasar página, y que no me quedo estancada, y todo eso…), pero hay ratitos que la echo de menos (cosa que es mala, porque… bueno, por lo evidente); por un lado me gusta que le hable de mí a nuestros amigos, y por otro me duele un poco pensar que las cosas nunca van a volver a ser como eran. Y… en verdad me tranquiliza gusta pensar que nuestra relación ha terminado una etapa que podemos cerrar, y empezar una totalmente nueva, pero no puedo evitar ese puntito de pena estúpida. Es dificil… no sé. No sé. No lo sé.
En la 103, Juan habla por teléfono:
Juan (al teléfono): Vamos a ver una peli… mmm… David, ¿Cómo se llama la peli que vamos a ver?
David: Buen Viaje, Excelencia.
Juan (al teléfono): Buen Viaje, Excelencia.
David: Es de Els Joglars.
Juan (al teléfono): Es de George Clark.
* Seguro que la madre de Juan se enteró perfectamente de la peli que íbamos a ver…
Estoy en el cyber, así que habrá faltas, y eso. Aviso.
El Sábado me voy a Namek y tengo muchas ganas de ver a la gente. Muchas, muchas. Mil. El otro día me agregó al messenger el típico amigo de un amigo que aparece todos los años unos días antes de que llegue a Huelva (no es todos los años el mismo, pero… me suele pasar, lo cual quiere decir que la gente habla de mí allí, y supongo que bien, así que eso me gusta) y que luego nadie sabe de donde ha salido y tuvimos una conversación un poco subrealista. La cosa era más o menos que el tipo decía que creía que habíamos coincidido alguna vez en un botellón en la playa, en el que yo estaba (palabras literales) “muy borracha” (juas… tiene su gracia). Cuando le dije que no bebo nada de alcohol se le empezó a caer el mundo encima y empezó a disculparse… porque… claro, se dio cuenta de que si no bebo es que soy así al natural (en verdad yo creo que es que se me contagia la borrachera de los demás) y… no sé; la verdad es que no me imagino qué podría estar haciendo para que él pudiera pensar que estaba borracha… aunque reconozco que en verano estoy un poco irreconocible para el mundo no-namekiano. En fin… historias.
En Villanueva todo bien, normal, como siempre, supongo. Menos mal que estan Estjer, que me cuida y me da mimos, y Antonio, que se está ganando un rincón en mi corazoncito (nada romántico, todos tranquilos). A Manolo le tengo regalada mi tarde de mañana (él todavía está de exámenes, y mañana se va a tomar la tarde de relax, por lo que le agradezco enormemente que decida pasarla conmigo) y al resto… no creo que les vea, pero… ya nos veremos… en Navidad, supongo. Besos a todos.
Ah! Quien quiera una postalita desde Namek que me escriba un SMS, o un mail ¿Vale?. Prometo escribiros a todos, así que no desaprovecheis la oportunidad de tener una ventanita Onubense pegada en la pared de vuestro cuarto xD.