¡La pequeña Estjer ha vuelto de Aix! (Vale, por unos días, pero ha vuelto de Aix…). Es, con mucho, lo más importante de mi fin de semana, que no está siendo poco intenso, no…
Cuento:
El viernes por la mañana hice un intento fallido de levantarme temprano para ir a comprar cosas y a sacar dinero… pero… nah, en la cama se estaba súper bien. Así que hasta que la Chica Monocromo llegó de clase no me enteré de que me había llegado el paquete de Estjercita, que me mandó, además de la carta (genialosa y que me hace querer ir a visitarla a Francia en cuanto tenga dinero, y quedarme allí hasta que ella se vuelva aunque tenga que comunicarme por señas los primeros meses), un corazón de metacrilato que mangó de una discoteca en su primera fiesta erasmus y que yo ahora tengo colgado en mi cuarto, unas postales de buzones que me encantan, y recortes de dibujos un poco pornos y muy chulitos y de una osa hormiguera aspirando humanos (con un aspirador, no seais macabros).
Por la tarde, a las seis y media (o más) llegaron Cristina e Icia, que son dos amigas de la Chica Monocromo que han venido a visitarla y se quedaron a pasar el finde en casa. Desde que llegaron estuvimos preparando la cena, porque oficialmente íbamos a inaugurar el piso con la gente de la clase de la Chica Monocromo (aunque extraoficialmente montamos el paripé para que así Cris e Ici conocieran a Victor en un ambiente relajado y familiar, y evitar el momento incómodo para la Chica Monocromo: Este es mi novio – estas son mis amigas). Lo pasé bien, estaba todo muy rico, como era de esperar con semejante cocinera y… no sé, fue divertido. Después ellos salieron y yo me quedé en casa durmiendo.
El sábado, por fin (llevaba toda la semana y más esperando ese día). Nos despertamos tarde-tarde y las chicas decidieron que no tenían ganas de comer (bueno, cuando salieron iban discutiendo si ir a Mandalas a tomar un batido y tarta, o esperar a media tarde y comer un Kebap…) y se fueron a dar una vuelta y a hacer compritas. Yo comí en casa de lo que nos sobró de la noche anterior (mmm… rico, rico…), que era bastante, todavía nos queda… y cuando me estaba preparando el tradicional y sagrado cafelito me avisó Pau por si me apetecía ir con él y con Paty a tomar algo. Fui, claro.
Íbamos por la calle Toro, paseando tranquilamente cuando (después de fijarme en un puesto donde vendían gorros de lana y cariocas, y del momento misioneros-cantando-“Color-esperanza”) vi una melena y una chaqueta de cuadros de colores que me resultó familiar, e instintivamente grité ¡David! (y si, era, menos mal…). Me dijo que llevaba mucha prisa, que iba a un concierto de Jazz, que nos veíamos por la noche, y que Estjer estaba en el Carrefour (Cien metros más atrás… acabábamos de pasar por la puerta…). Así que volviiimos al Carrefour, y zas en toda la boca! el pasillo de los yogures me encontré a la pequeña (y qué romántico fue el reencuentro, ahí… rodeadas de lácteos y su carrito con miles de cosas de las cuales solo recuerdo visualmente un montón de lechugas…) y quedamos para por la noche (ya habíamos quedado, pero quedamos un rato antes porque… hasta las 12 faltaba mucho… jobar!). Luego, Pau, Paty y yo seguimos ruta hasta Clavel 8, para tomarnos el café… pero estaba petadísimo, igual que El Tiovivo, así que por no andar más nos quedamos en un bar que hay enfrente. Merece la pena comentar la estética de bar-del-Rocío del lugar, además de los casi tres euros por bebida que me soplaron. No vayáis nunca a ese sitio… nonono… que da mucho miedito.
Cenamos en casa de Begue viendo Operación Eurovisión (Yo fui porque Pablo me dijo que Begue había prometido vestirse de Dana Internacional… aunque al final no lo hizo y yo me sentí muy decepcionada, que conste…) y comentando las anécdotas de rodaje del corto de Miss León, el video porno de Paris Hilton y los últimos capitulos de The L Word y luego yo tuve que salir pitando porque si no, no llegaba al Fray a una hora decente a la que poder subir. Al llegar allí me recibió David (que bajó a firmarme para que pudiera entrar en la residencia) con su ENERGIA!ENERGIA!ENERGIA! (que nos acompañó durante toda la noche) y subí a la habitación de Sara&Silvia donde estaban todos acabando de cenar, arreglándose y preparandose para probar el Licor de Lichis que había traido Estjer de Francia (y que, diga lo que diga ella, sabe mal lo mezcles con lo que lo mezcles). Mientras terminaban estuvimos haciendo un rato el chorra, jugando con los gorros que se habían comprado (ellos sí se habían comprado gorritos en el puesto de la calle Toro, y son monisimos…) e intentando pintarle a Bolsón un ojo de azul fluorescente, pero no se dejó.
Al salir… intentamos empezar despacito; pero visto que todos los sitios donde beber sentados y tranquilitos estaban llenísimos, nos fuimos a San Justo a darlo todo desde el principio. Entramos en la imprenta, estuvimos bailando mucho rato (si, bailé y todo… es que entre que había probado el licor de Lichis, que Paty me había dado también a probar un poco de Tequila mexicano (creo que es la vez que más alcohol en sangre he tenido en mi vida), que estaba eufórica por el reencuentro con Estjer, que Antang no hacía más que contarme novedades, que estaba con un montón de gente que me encanta (porque mira que son encantadores todostodos…) y que me pusieron “Mil Campanas”… no me pude resistir), después, fuera, conocí al famoso Fer (el novio de Natalia) y fuimos a El Lado Oscuro (me encanta ese bar), donde estuvimos otro buen rato y también se portaron bien con la música… (Pusieron Voy a Ser Mamá y Todo Por Placer seguidas… increíble) aunque al ratín la gente empezó a desaparecer: Antonio se fue con su amigo Gallego, Estjer y Juan se fueron al hotel, y Silvia y Sara al Fray a dormir. Nos quedamos Marís, David y yo, que duramos un ratín más… poco, pero bueno. Quedamos los tres para ir a la exposición POP de Fonseca hoy, y después me acompañaron a coger un taxi porque yo ya estaba cansada y ellos pensaban ir al Potemkin, pero mientras esperabamos David se rajó y al final se fueron también a dormir.
Esta mañana… pues eso, fuimos a la exposición (increíble que a algunos a las cuatro de la mañana se les ocurra la fantástica idea de madrugar al día siguiente para quedar… pero bueno, yo encantada, claro…) de los 25 años de Pop en Radio 3. Estuvo bien, había un montón de discos (algunos firmados), carteles, pósters, fotos, flyers, chapas, proyección de videoclips… y lo más divertido, unas máquinas para jugar al Sing Star con canciones ochenteras (era super gracioso, porque Maris y David casi no tenían voz de la noche anterior, y yo no quería que se me oyera mucho (la sala de exposiciones estaba casi vacía y resonaba…), así que cantaba bajiiiiiiito… y había ratos en los que casi no se nos oía a ninguno de los dos que estábamos cantando en ese momento…) y a un concurso a lo programa de la tele (con presentador y azafata virtuales, y todo…) en el que había que responder a unas preguntas sobre música apretando un pulsador.
Por la tarde-noche (todavía no sé cuando porque David todavía no me ha escrito) hemos quedado para ver “París, je t’aime”. Ya contaré que tal…
Bueno, y ahora que ya sabéis lo que he hecho este fin de semana… me voy a hacer el cafelito, que toca.