Estoy un poco harta de que todo el mundo diga que no le gusta la navidad. Que no te guste la navidad ya está un poco pasado de moda. ¿Por qué no empezáis a decir que no os gusta el verano porque se malgasta mucha agua y la gente se pone ropa ridícula que no se pondía en otras épocas del año? ¿O que no os gusta la semana santa porque se cortan las calles y no puedes pasear tranquilamente, y todo el mundo dice que es de una cofradía como si dijera que es de un equipo de fútbol?, ¿O que no os gusta el carnaval porque se ensucia mucho y la gente lleva máscaras y no se les ve la cara?. No sé… algo que esté un poco menos visto…
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Putada.
Acabo de enterarme de que mi contrato del piso de este año acaba el 31 de agosto.
Lo juro, acabo de enterarme.
Ya sé que es culpa mía, y que tenía que haberlo mirado antes, y que esas cosas se hablan antes de firmarlas, pero… ahora solo puedo pensar en la que se me viene encima.
Yo me voy de Salamanca el finde del 27 de Junio. No pienso volver hasta finales de Agosto, cuando ya tendré un piso distinto. Hay dos meses en los que no voy a estar, y que no voy a pagar, pero… obviamente, se me quedarán con la finanza. Y la fianza es dinero con el que contaba para el verano. Y la casera está en otro país, así que no puedo hablar con ella.
Menos mal que al final decidimos buscar piso para el curso que viene después del verano.
The Last Word
Acabo de ver el último capítulo de la última temporada de The L Word. Podría compararlo con cuando vi el último de QAF, hará cuatro años, pero es que esta vez solo puedo decir una cosa:
WHAT.THE.FUCK
Fútbol.
Genial. Ese tío le ha dado una patada al balón. Ahora la pelota está allí. Aquel hombre la tiene ahora, qué interesante. A lo mejor ahora le da una patada. Efectivamente, lo ha hecho, y aparentemente eso merece una plauso.
El universo está intentando decirme algo.
Me acabo de duchar y está lloviendo. Me hace gracia ver por la ventana que la calle está mojada, y que el suelo de mi cuarto esté mojado, y pensar que no sé cómo hubiera escrito esto si lo hubiera escrito anoche cuando llegué a casa. También llovía. Sí, me hacen gracia cosas muy raras.
Dije que iba a hablar del recital. Fue muy guay, los recitales de Elia siempre son muy guays. No sé por qué me ha dado hoy por la sinestesia y por escribir así de raro, pero es verdad: cuando leo o escucho a Elia veo escenas con colores sobresaturados y sangre, y vísceras, y sexo, y cosas que aunque duelan son estéticas.
Últimamente trabajo mucho con imágenes. Bueno… “trabajo” no es la palabra. Funciono, mejor. Es algo que nunca me había pasado antes… nunca he sabido dibujar, ni hacer fotos, ni nada de eso; pero últimamente he caído irremediablemente en el mundo Flickr, y será por eso que me ha dado por pasar a papel (sea del tipo que sea, el papel) los conceptos. Me pasa también cuando escribo; antes en mis textos siempre pasaban cosas… ahora puede no pasar nada. Y es guay… no me quedan tan bien como me gustaría, pero es guay que me salgan cosas distintas. Ahora, también, leo a veces cosas en alto. Para ver si sé, supongo. Y también es guay notar que ahora lo hago mucho mejor que antes. O eso me parece a mi… porque nadie más me escucha. Hace un rato he estado viendo los blogs de los chicos de los que hablaba en el post anterior, y he encontrado un texto que he tenido ganas de leer en alto, y lo he hecho. Y no digo de quien para mantener el misterio, porque soy una chica interesante y misteriosa. Y porque me da vergüenza. Es un poco estúpido, ésto.
Al final en vez de hablar del recital casi he hablado sólo de mi. Otro día tengo que hablar de lo raro que es que alguien a quien acabas de conocer te diga que lee tu blog. Es una sensación guay y un poco rara a la vez. Como un “Hola, ya sabes que papirofléxia, que suspendí Neuropsicología, que tengo un látigo, y que me gustaría vivir con un gato gris; me llamo Ana, ¿Qué tal?”. Algo así.
Chio, no te ofendas…
Todo el mundo piensa que Woody Allen es un intelectual.
A mi me parece que es un gilipollas.
Algunas cosas que han pasado estos días.
Yo antes escribía en el blog siempre que me pasaba algo importante. O siempre que me sentía bien, o que me sentía mal, o que algo me hacía gracia, o lo que sea.
Últimamente han pasado un montón de cosas guays. Y como ponerme a contarlas todas despacio daría lugar a un post de seis páginas que no estoy dispuesta a escribir, me pongo un límite: 100 palabras por acontecimiento.
Vamos allá:
1.- Quedé para tomar un café con Ortiz: Ortiz es esa persona que me dice que soy tan mona como un Pokemon, me canta que no me sienta bien el amarillo cuando llevo el peto amarillo puesto, duda que soy pequeña y formal sólo porque se lo digo en la puerta del cuarto del amor lésbico mientras agarro un látigo, me muerde, me dice que si no me conociera pensaría que soy insulsa, y que, además, es mi amigo. Llevábamos un año diciendo que quedaríamos; y, como siempre, le tocó a él llevar la iniciativa. Y fue bueno porque Ortiz mola, y más ahora que lee mi blog.
2.- Se acabó el curso de Esperanto: Esto no es que sea intrínsecamente guay (el profe también lee mi blog xD), pero ahora puedo poner en mi currículum eso de “Esperanto: Nivel medio”, a pesar de que lo use solamente para entender dibujos animados para niños de menos de 3 años y guarrerías que me dice Fede; y para escribir títulos de fotos en Flickr. Pero esto no será siempre así… no, no, no. El curso que viene voy a escribir cartas en Esperanto cutre y chungo (porque además en las cartas no se verá mi maravillosa pronunciación), así que tendré que practicar un montón hasta entonces.
3.- Pulso Teatro estrenó El método Grönholm: Hubo ensayos generales, preestreno en La Herramienta, repasos, risas y olvidos, estreno en Fonseca, y habrá varias representaciones más estos días, a las que, por supuesto, intentaré ir como buena fan enferma-histérica-histriónica que soy. No voy a decir que merece la pena verlo porque la obra está muy bien y los actores son todos guapisísimos, porque eso ya lo dice todo el mundo. Ah! Y por si alguien todavía no se ha enterado, en el estreno yo controlé las luces y me sentí súper poderosa al frente de esa mesaza llena de botones que sólo yo sabía pulsar.
4.- El recital de Roberto (, Javi Delgado y Cristina Blanco): Que… poemas, y columnas, y recuerdos, y las canciones de Javi y algunos colaboradores. Siempre es guay quedar con los chicos Cuatrocientas, sobre todo cuando hay recital. No es relevante el hecho de que al ver aparecer a Roberto vestido de futbolista me subieran calores (el “y me bajaran fluidos” son palabras de Fede. A mi no me miréis. Además, no es cierto). No es relevante ni es para nada gracioso. Soy consciente de que es una enfermedad y me lo estoy tratando. Y… Fede, deberías dejar de reírte de mí por eso; pero sobre todo, de contárselo a gente.
Seguro que me han pasado más cosas, pero… otro día.